Javier
Puebla,
TALLERES y OBRA
PERSONAL. Actualizado cada lunes.
12 de mayo 008.
Paso tres días en Cuenca, en un paseo literario de AMOR Y MUERTE organizado
por el Centro de Profesores de la ciudad, conozco infinidad de personas interesantes,
almuerzo como un rey, duermo en un espacioso cuarto frente a un parque y durante
setenta y dos horas la vida cotidiana desaparece y cada minuto es una pequeña
aventura; como siempre sucede en los viajes, ah, maravilla. Que disfrutes de
una semana provechosa, visitante y amigo. Javier Puebla.
Para contactar mandar un mail a:
2007-arroba- javierpuebla.com-
o llamar al 659 244 380
“El
mayor de mis temores ha sido siempre morirme de aburrimiento” RICHARD
FORD, The lay of the land (Acción de gracias)
12 de mayo
CUENCA, MAYO 008; UN PASEO POR EL
AMOR Y LA MUERTE
Hace ya muchos meses, con previsión
insólita en estos pagos y más en los que frecuenta
el mundo literario, me llegó un correo proponiéndome
participar en “algo” llamado Encuentros: Paseo
por el amor y la muerte. Lo firmaba Alejandro Dolz. Deduje
que sería familia de Dora Dolz, la célebre pintora
afincada en Holanda (fallecida ahora hace unos pocos meses)
y que era ella quien me había recomendado. No, no la
conozco, respondió Alejandro de nuevo por correo electrónico
-Alejandro Dolz para mí aún no tenía
cara- y entonces supuse que habría sido algún
otro amigo, que nada me había comentado por discreción,
quien habría dado mi nombre a Dolz.
-Te localicé por internet- confiesa o explica Dolz
más tarde, muchos meses más tarde, la semana
pasada, cuando ya le conozco en persona, veo su cara y escucho
su voz sin la intermediación de un telefonino.
Y por primera vez pienso que mi página web sirve para
algo, que poniendo las palabras adecuadas: amor, muerte, microrrelato,
cazador de cuentos y alguna otra aparezco yo, mi nombre, en
los primeros lugares de una lista y existe la posibilidad
de que alguien me considere apto para ser invitado a un “encuentro”,
a un “paseo”, a un paseo por el amor y la muerte.
De Cuenca, de la ciudad de Cuenca donde durante tres días
habrá conferenciantes, malabaristas, actores y -sobre
todo- escritores, me sorprende todo. Sabía
que había unas casas colgadas, y recordaba haberlas
visto, quizá un recuerdo falso, de niño en un
viaje con el colegio o de paso dentro del pequeño núcleo
familiar camino de unas vacaciones en la costa, pero desconocía
que existiese también una ciudad moderna, cuidada,
agradable y exuberante en su vegetación. Pero lo que
más me sorprende es Dolz, Dolz y su equipo de quince
profesores, los quince magníficos, que desde su base
de operaciones en la parte antigua organizan nada menos que
ciento cincuenta eventos cada año. ¡Ciento cincuenta!
Es una barbaridad, un prodigio. Pero cuando conoces a Dolz
comprendes. No utiliza intermediarios, es capaz de apenas
dormir, estar en varios sitios casi a la vez y consigue transmitir
a su equipo, y también a sus patrocinadores, un entusiasmo
por la cultura en general y la literatura en particular que
sería imposible encontrar en Madrid, o en casi ninguna
otra ciudad de España: hasta tienen una editorial propia
entre cuyas publicaciones está el exquisito ensayo
TOCAR LOS LIBROS de Jesús Marchamalo (junto a Saramago,
Silva, Luis Mateo Díez, Gamoneda, Hierro...). La organización
que dirige Dolz responde al nombre de Centro de Profesores
de Cuenca -no me gusta ponerlo en siglas- y lleva quince años
de labor amorosa y sin alharacas, pero quien suscribe es testigo
de que consigue maravillas porque he tenido la fortuna de
participar en la penúltima de ellas, en ese Paseo por
el amor y la muerte, donde repartí a diestro y siniestro
ejemplares de mi libro -de muerte y amor- Sonríe Delgado
(que me hizo llegar a Cuenca precedido de una aureola de escándalo
pues los libros que envíe previamente por mensajería
habían caído en las manos de los alumnos
y no de los profesores a quienes estaban destinados; y claro,
es un libro violento y quizá hasta pornográfico,
aunque la aureola de haber sido finalista del Nadal lo suaviza
siempre), hablé ante un interesantísimo grupo
de adolescentes en un instituto y hasta impartí un
intenso taller de microrrelato. Todo ello mientras disfrutaba
de conferencias, cuentacuentos, una cena de amor y muerte...
Magia pura y aparentemente sencilla. La propia muerte es el
único tema que un escritor tiene vedado -nadie ha vuelto
para narrar la suya- pero el amor siempre puede ser narrado
o contado. Y eso es lo que he pretendido en esta columna,
expresar mi admiración, mi amor, por Cuenca, por la
labor de su Centro de Profesores, por las muchas personas
interesantes (Carlos Marzal, María Colomer, Amparo
Ruiz Luján, Jesús Marchamalo... y más
y más) que he conocido durante tres días, por
Dolz y sus magníficos, sus quince magníficos.
Mi corazón conquistado. El amor, de momento, aún
puede a la muerte. Brindemos por ello.
“Todos
los días, cuando acabo de trabajar, cumplir con mis
obligaciones como ser social, me escapo corriendo a un callejón.
Siempre el mismo callejón. Lo conozco bien: es oscuro,
poco frecuentado y no tiene salida”
de SOSIEGO, antilibro impublicable
(entre otras cosas porque ni siquiera me preocupo de irlo
guardando)
MONTERO GLEZ: PÓLVORA NEGRA
Apenas
he dormido tres horas (y lo mío son diez). Así
que cuando llego al Hotel como se llame, ¿el Intercontinental?,
en la Castellana para asistir a la comida de prensa que ofrece
Planeta con motivo del Azorín de este año, y
a la que estoy invitado por cortesía de Pedro de Paz,
apenas sé como me llamo. Por fortuna en la mesa me
flanquean Luis Alberto de Cuenca, junto a él Pedro
Sobera, y el propio Pedro de Paz. Montero Glez es casi tan
brillante en la presentación como en la redacción
de POLVORA NEGRA, y digo casi porque la novela es deslumbrante,
y un escritor de corazón y raza como Montero Glez,
aunque también sea un gran showman siempre brilla más
cuando se abre el objeto mágico que es un buen libro.
Con Montero me divierto, me sorprende su velocidad, no le
conocía, me vuelve a dejar con el pie en el aire no
poder presentarme, mi clásico y desafiante:
-Hola, soy Javier Puebla,
porque al igual que Carlota del Amo la noche anterior el también
sabe perfectamente quien es Javier Puebla y me llama Sonríe
Delgado, me habla de mis cuentos africanos y hasta me manda
recuerdos para mis Tripulantes (espero que todos se sientan
honrados
por el detalle). A Montero y su novela premiada le dedico
mi columna semanal: ¡UN ESCRITOR GANA EL AZORÍN!
(con exclamaciones, porque creo que hace siglos que no pasaba).
No
dudo ni flaqueo, mi objetivo es lo imposible de
Sosiego, el anti-libro impublicable que desde
hace más de quinientos días escribe a mano cada
noche, sin fallar ni una, el extraño Señor Puebla