Luis Alberto de Cuenca , se publica en muy diferentes versiones, por motivos de espacio y filosofía, en La Opinión de Murcia y Cambio16, y en esta web; mes de octubre.

Luis Alberto de Cuenca


Conocí a Luis Alberto de Cuenca en una fiesta organizada en el palacete de Planeta por Ana Gavín y su equipo. Fue él quien se me acercó, para decirme algo -como mínimo- sorprendente.

-Me ha encantado tu novela. Me habría gustado ser yo quien la hubiese escrito.

Se refería a "Sonríe Delgado", en aquel momento obra popular gracias al respaldo del premio Nadal (ahora -creo- es más libro de culto que popular).
Considerando que Luis Alberto era, o había sido, Secretario de Estado de Cultura, me lo tomé como una frase diplomática, desmesuradamente generosa viniendo de un poeta tan brillante. Porque aunque no le conocía en persona había escuchado en boca del genial Emilio Pascual uno de sus poemas, "Bébetela", en el mítico Libertad8; y la calidad de los versos, su narrativa perfecta sin perder en ningún momento la musicalidad, me dejó asombrado. Mi asombro nacía, claro, de mi proverbial ignorancia lírica. Luego he realizado el experimento, muchas, muchísimas veces, de preguntarle a mis amigos verdaderamente cultos (uno se esfuerza, pero...) qué poeta consideran el mejor, o más brillante, en lengua castellana del momento actual; y siempre -tanto de intelectuales de izquierda como de derecha- la respuesta ha sido: Luis Alberto de Cuenca.
Volví a encontrármelo una segunda vez en el programa de Dragó (que el pasado año estaba se convirtió en el epicentro absoluto de la vida literaria española). Y de nuevo la sensación de cercanía, de comprender y sentirme comprendido, me embargó durante los minutos que estuvimos charlando entre bambalinas.
Así que cuando me enteré que daba una conferencia sobre Rubén Darío en La Casa de América acudí a escucharle; y verle.

-¡Qué bonito!


Y señaló el pin del Capitán Haddock sujeto a una de las solapas de mi blaizer.
Moví la cabeza, incrédulo. Era demasiado. Que le hubiese gustado, o al menos no le hubiese importado, ser el autor de mi novela, tenía un pase... Pero que al mejor poeta en lengua española, al más activo Secretario de Estado de cultura que jamás hemos tenido, le gustase el mundo de Tintín, resultaba a todas luces increíble. Entonces Luis Alberto, con un giro de muñeca de prestidigitador, y sin duda habiendo notado mi incredulidad, volteó la carpeta gris o azul que llevaba con el nombre de Darío rotulado y en el envés de la misma apareció ¡el diario de Tintín! Nos abrazamos -como cómplices o conspiradores- aquella tarde noche, al despedirnos.
El siguiente encuentro fue en su casa, o más concretamente en la biblioteca de Don Ramón de la Cruz. Había quedado con Emilio Pascual, el mismo que me descubrió sus palabras, para fotografiar los grabados de Las Mil y Una Noches. Esa tarde le llevé mi célebre Jaula-Tarjetero yél me regaló su último poemario, recién salido de imprenta, La vida en llamas. El libro ha sido mi mejor amigo de este verano. A mí sí que me habría gustado haber sido el autor, haberlo escrito (porque, al menos en lo narrativo, parece mío, y perdón por la inmodestia). Pero también porque es la primera vez que he encontrado un escritor cuya compañía es tan cálida como lo que escribe, que es capaz de sacar a sus lectores, o amigos, de la realidad, y hacernos creer en la mejor de las magias, como cuando releemos nuestros viejos tebeos de Tintín, y volvemos a sentirnos limpios, nuevos, y niños.


 

 

 

Diario

Portada

Narrativa

Columnas