Pombo
Perfecto. Esta vez lo han hecho perfecto: los
organizadores del premio literario -le pese a quien le pese-
más codiciado de España: El Planeta. Lo han
hecho bien desde el principio, ya en la ceremonia de entrega
estaba el Príncipe de Asturias dando envergadura al
acto en que se hacía público el galardón.
Y el galardonado, imposible haber elegido uno mejor: Pombo,
la bomba transmutada en escritor: académico, premio
Herralde, showman como hay poquísimos en el mundo literario...,
la bomba, insisto. Una “apuesta” empresarial impecable.
Diez para Planeta, el grupo Planeta, la empresa Planeta, pleno
al quince. Y por ello, a pesar de mi ingenuidad natural, creo
que sobrepasa la simple coincidencia el dato de que la protagonista
pombina sea una economista. En tiempos que el dinero se ha
convertido en algo sagrado -(¿alguna vez no lo ha sido
aunque entre católicos, y nuestro país lo era
hasta el gramo sumo, estuviese mal siquiera mencionarlo?)-
el hecho de reconocer que quienes mueven lo sagrado, el dinero,
cumplen una función que trasciende lo práctico
para rozar con la punta de los dedos lo espiritual, lo sagrado;
y a ello juega, está jugando excelente y conscientemente,
Álvaro Pombo. Porque Pombo juega a todo, para eso es
un escritor comme il faut, con capacidad de inventarse un
personaje tras el que se oculta, inaccesible la verdadera
persona que sea Álvaro Pombo y a quien casi nadie conoce.
Pero ¿quién necesita conocer al “verdadero”
(sí, hay que entrecomillarlo) si ya tenemos la fortuna
de contar con el Pombo creado por Pombo?
La primera y única vez que he visto a Pombo en directo
y en acción durante la presentación de los últimos
Nadal. Terrific, que diría un anglohablante. Really
terrific. Se comió el libro que pensaba, el del ganador,
mi amigo, muy viejo amigo, Eduardo Lago. Se comió el
libro, se comió a Eduardo y se comió el salón
de actos de La Casa de América, gigantesco como es
y atiborrado como estaba. Como íntimo de Ed Lake habría
preferido que hubiese presentado su libro cualquier otra persona
del mundo, yo mismo me habría ofrecido encantado, pero
como espectador, ¡ah, cuán feliz soy de haber
tenido ocasión de asistir a aquel show alucinante de
Pombo! Tosía, se atragantaba, mareaba crujientes papeles,
abría los brazos gigantescos, se apoyaba en la mesa,
hacía pausas inauditas, miraba a la audiencia con aire
de sorpresa como si de repente hubiese descubierto que estaba
allí..., magistral.
Y no menos magistral es la promoción para el Planeta
que se está montando el gran Álvaro Pombo, desde
Cela nunca había visto nada igual de inteligente, con
ese toque de aristócrata pizquita rancio y muy norteño,
que gana a cualquier posible interlocutor con sólo
poner un pie en la escena. Y lo más genial: la novela.
La novela es una novela de Pombo. Dije una vez en Las Noches
Blancas de Dragó en Telemadrid que si un día
pudiera acceder al Planeta les escribiría mi mejor
novela. Pombo ha repetido mis mismas palabras. Y ha cumplido.
Su mejor novela. Como debe ser. Como un caballero. Entiendo
que no haya nadie en toda la península que no esté
ansioso por leerla.