Suave es la "rentrée" , se publica en diferentes versiones, por motivos de espacio y filosofía, en La Opinión de Murcia y Cambio16; mes de setiembre.

 

Suave es la “rentré

 

Aún soplan los benévolos y perezosos vientos del verano sobre la ciudad y sus habitantes se mueven -todavía- como si fuera el placer y no la obligación quien inspirase sus pasos. Todavía.
Todavía las pieles están morenas y parcialmente desnudas, hay tiempo para detenerse en la calle, mirar un escaparate, a otra persona, o hasta un socavón (incluso las obras -suave es la “rentrée”- parecen menos numerosas o antiestéticas o desagradables).
Todavía hay tiempo para leer completos, y no en diagonal, los libros que compramos o nos envían. Y así disfruto de la magnífica novela, tan teatral, de Javier Tomeo titulada La Noche del Lobo, o de Tristano Muere, de Tabucci. O también del artificial, pero efectivo, La decisión de Brandes, de Eduard Márquez.
Todavía hay tiempo de pensar que tendremos tiempo para ir al cine, a ver la última de Stephen Frears, o de que conseguiremos una entrada para el musical orquestado por Santiago Segura basado en la obra de Mel Brooks del mismo título, Los Productores.
Todavía es un placer, y no un agobio, cuando llegan por correo o mail invitaciones para exposiciones, conferencias y presentaciones de libro; y hasta, aprovechando un cruce de caminos lleva nuestros pasos hacia la guarida del Bandido Doblemente Armado, se puede pasar una tarde hablando con Diego Pita y disfrutando de los cuadros que acaba de colgar de las paredes del local multifuncional la artista Prado de Fata.
Todavía, cuando acudo a Fuentetaja en busca de libros de relatos verdaderamente cortos -apenas se han debido de publicar una docena en la historia de la edición española- puedo demorarme en hablar con la chica que está en la caja, fijarme que va vestida de negro y que una cruz plateada cuelga de su cuello y que el conjunto es digno de una fotografía que, ¿por qué no?, puede servir perfectamente para ilustrar esta columna.
Todavía son largos los días y aunque algunas noches el viento recuerda que en el armario guardamos chaquetas y abrigos sigue siendo posible pasear sin rumbo por el corazón de la ciudad amada y maldita, ser un glóbulo rojo o blanco o azul que se desliza que se desliza y mezcla anónimamente con otros glóbulos rojos blancos o azules o negros o mulatos anónimamente por sus arterias y calles.
Todavía parecen posibles los proyectos, o quizá deberíamos llamarlos sueños, concebidos durante el verano.
Todavía podemos creer que de nuestros dedos pueden hacer , y harán, pequeños milagros.
Porque la máquina que nos tritura y exprime también ha descansado algunos días en julio y agosto, al modo de los campos que se dejan en barbecho en mor de mayores rendimientos futuros, y aún no está en pleno funcionamiento. Y mientras recupera su –cada vez más perverso- ritmo la vida cotidiana seguimos pudiendo soñar que el mundo ha sido hecho para nosotros, que la noche para Scott Fitzgerald iba a ser suave eternamente, como suave es la rentrée estos días, amables lectores, para todos, o casi todos, nosotros.


 

 

 

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