Los Viernes de la Cacharrería , se publica en diferentes versiones, por motivos de espacio y filosofía, en La Opinión de Murcia y Cambio16; abril y mayo.


Los Viernes de La Cacharrería

Diez y media de la noche y viernes. En un principio no parece la mejor hora para presentar un libro. Menos aún si se trata de un libro de poesía. Los poetas, afirma el murmullo del río de las letras, se limitan a leerse entre ellos. Si a ello añadimos que el autor, Raúl Losánez es prácticamente un desconocido, que El Decurso Inesperado, es su primer libro, y que la oferta cultural y lúdica del penúltimo viernes de abril es de una amplitud inimaginable, lo normal, lo previsible, a pesar de que el lugar elegido para la presentación del poemario, La Cacharrería del Ateneo de Madrid es que no haya nadie.

Por eso, cuando llego tarde, apresurado, pido disculpas al autor, sin advertir lo insólito del hecho de encontrármelo en el pasillo; ni comprender bien lo que me dice.

-No es donde siempre, sino en el salón grande.

La Cacharrería es un salón grande. Caben más de cincuenta personas cómodamente sentadas, así que supongo que se refiere a esa sala. Pero en esa sala no hay nadie. Salgo de nuevo, son casi las once, y resulta que la presentación aún no ha comenzado. Y que, en efecto, es "en el salón grande". Hay un centenar de personas sentadas, aguardando a que comience el acto. Parece imposible.

Pero a los pocos minutos comprendo; o comienzo a comprender. Raúl Losánez no ha preparado la típica presentación de un libro; de hecho ni siquiera tiene el libro ante las manos o encima de la mesa. No va a leer ningún poema. Tras la introducción de Miguel Losada- el responsable de la audaz idea de presentar poemarios los viernes por la noche (y van ya más de 120 viernes)- Raúl afirma que su trabajo acaba en el texto, que la lectura de sus versos debe ser cosa de otros. Y no se refiere al público, sino a actores, a un grupo de excelentes actores, profesionales del doblaje y la radio, que encabezados por Primitivo Rojas, toman los poemas, las palabras escritas por Losánez, y las convierten en sonido, en sentimiento y hasta en magia. Aplauso cerrado al final de cada poema. Aplauso merecidísimo, porque el poema llega; cala más hondo aún que leyéndolo para uno mismo (como yo había hecho antes de acudir a la cita). Y hasta polémica tertulia pues el público, contagiado de poesía, no sólo quería preguntar, sino también expresar sus propias opiniones y filosofías de la vida. Lo que obligó a tomar las riendas otra vez a Miguel Losada, para poner punto final

En suma: una presentación llena de inteligencia. Porque la inteligencia sabe sumar a la propia, siempre limitada, las inteligencias ajenas. Espero que en el futuro se recoja este testigo lanzado por Raúl Losánez, y veamos, en Murcia, Alicante, Albacete o Donosti, espectáculos tan sugerentes como lo fue el pasado viernes 21 de abril la presentación de El Decurso Inesperado en el mítico Ateneo de Madrid, Villa y Corte.

 

 

 

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