Ángela Vallvey , se publica len diferentes versiones, por motivos de espacio y filosofía, en La Opinión de Murcia y Cambio16; mes de julio.


Ángela Vallvey


Son las diez de la mañana y ayer me acosté a las seis, bailando con la novela que hace meses me acompaña. No tengo ganas de levantarme. Me levanto. Ducha. Zumo de naranja. Metro. Es horrible el metro en verano en Madrid. Los trenes, se supone, están dotados de aire acondicionado, pero el conductor o encargado suele olvidar conectarlo, al menos en la línea uno, y todos sudamos, respiramos con dificultad, miramos con resignación -madrileño acabará siendo sinónimo de resignación- las pequeñas ventanas herméticamente cerrradas. En la Gran Vía la vida se mueve presurosa y fugaz. Bajo hacia Alcalá. En un hotel de la cadena H10 se presenta para la prensa el poemario “Nacida en cautividad” que se ha eregido vencedor del IV Premio de Poesía Ateneo de Sevilla. Lo firma Ángela Vallvey.
Conozco a Ángela Vallvey hace un par de años porque es autora de la editorial Destino, como yo lo soy o fui (nunca se sabe). He hablado poco con ella. Sé que ganó el Nadal con Los Estados Carenciales, y que su novela, A la caza del último hombre salvaje, ha sido traducida a 16 idiomas. Está considerada una escritora satírica. Y por eso acudo a la presentación del libro, del doble poemario (en realidad son dos libros en uno), porque me ha parecido entrever en sus versos a una persona distinta a quien yo conocía o creía conocer. Y acierto.
La presentación acaba convirtiéndose en un debate, tertulia de alto nivel digna de haber sido retransmitida en el programa Las Noches Blancas de Sánchez-Dragó, gracias a la presencia del poeta y profesor Juan Manuel González, que hace de “embajador”, y del finísimo crítico literairo Joaquín Arnaíz. Pero la protagonista, el centro alrededor del que todos bailamos, es Ángela Vallvey. Una Ángela Vallvey que es, y me sorprende y a la vez no me sorprende porque me había leído con cuidado y afecto “Nacida en cautividad”, ante todo y sobre todo una poetisa o poeta. Habla Ángela del asombro permanente que es la vida, de esos pequeños momentos maravillosos, mágicos, que la existencia nos brinda continuamente si sabemos pararnos y mirarlos y apreciarlos. La reunión se prolonga mucho más de lo habitual en este tipo de actos, los periodistas invitados escuchan con agrado y nadie, como suele suceder, se marcha alegando que tiene prisa, que se le espera en algún otro sitio. Es la despedida del curso -volveremos en setiembre- de la editorial Algaida. Y es una magnífica despedida, como magnífico es “Nacida en cautividad”, el último poemario de Ángela Vallvey. Me permito cerrar esta columna con sus propios versos. “Me saciaré de estrellas/ cualquier día./ Viajaré tras el viento/ que encarcela el paisaje./ Suelo poner mis manos/ sobre la lejanía, mientras/ la madrugada se desnuda/ sombra a sombra,/ y nada busca,/ me saciaré de estrellas/ cualquier día”.

 

 

 

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