El último Dragó , se publica en diferentes versiones, por motivos de espacio y filosofía, en La Opinión de Murcia y Cambio16; mes de junio.


El último Dragó


Hay algo absolutamente genial en el último libro de Fernando Sánchez-Dragó. El libro, titulado MUERTES PARALELAS, editado por Planeta y galardonado con el premio de Novela Fernando Lara, es una novela de no ficción en la estela de In Cold Blood de Truman Capote, y narra los últimos días en la vida de Fernando Sánchez Monreal. Un tema clásico en la literatura: los últimos días en la vida de una persona o personaje; sin embargo esta novela trasciende el clasicismo, pues esos últimos días que se cuentan o narran no son los de un cualquiera, un extraño, para el autor, sino los de su padre, su propio padre.
Fernando Sánchez Dragó nació en plena guerra civil, y para cuando nació su padre ya había muerto; es decir, que nació huérfano, huérfano de padre. Confieso que desconocía el hecho y confieso asimismo que me sorprendió hasta el extremo de experimentar cierta renuencia a leer Muertes Paralelas, su último y -ahora lo sé- magnífico libro. Conozco a Dragó hace más de veinticinco años, cuando yo era apenas un debutante y él ya director de Disidencias, el suplemento cultural más creativo y original, distinto, que ha existido en la prensa española. Ese Dragó que yo conocí, que volví a encontrar años después en una fiesta en el Palacete de Planeta, luego en TVE. En Negro sobre blanco, y últimamente, con frecuencia, en Las Noches Blancas (el programa que dirige en Telemadrid); ese Dragó con el que ya en tantas ocasiones me he cruzado no parecía, no parece, un huérfano. Podría replicarme el lector de esta columna que no es necesario ser un personaje de Dickens para parecer un huérfano, pero sí que hay algo especial, una debilidad oculta y a menudo metamorfoseada en fortaleza, en todas aquellas personas que conozco y han perdido a su padre antes de tiempo. Y ahora, tras leer las 662 páginas que conforman Muertes Paralelas, pienso que también hay una fragilidad enmascarada en Fernando Sánchez Dragó, el triunfador. En el último tercio de la novela, donde se permite la brillante audacia de utilizarse a sí mismo como personaje, se refiere con frecuencia, reiteradamente, con menos ironía que dolor, a su propia persona como “el huérfano” (a mí se me encogía el alma cada vez que encontraba la palabra).
De una muerte acaecida hace casi setenta años difícilmente puede averiguarse demasiado, y es ahí donde el escritor encuentra ese recurso genial, indiscutiblemente brillante, al que hacía alusión al principio. En cualquier cuando averigua nuevos datos o cambia de criterio, vuelve atrás, rescribe y cambia. Dragó no. No en Muertes Paralelas. Los incluye. Incluye los nuevos descubrimientos sin cambiar los anteriores. Deja convivir el error y el acierto y hasta llega a poner en duda, diabólicamente, si el error es error y el acierto, acierto. Fernando Sánchez Dragó es ante todo escritor y hombre de acción; y eso son sus libros (éste más que ninguno): acción de literatura, su pura y propia vida. “Escribo para mí solo”, dice en la penúltima página. Para él solo y para todos los que nos atrevemos a estar vivos, ser hombres o mujeres de acción, ser... como Dragó.

 

 

 

Diario

Portada

Relatos

Novelas

Columnas