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El último Dragó
Hay algo absolutamente genial
en el último libro de Fernando Sánchez-Dragó.
El libro, titulado MUERTES PARALELAS, editado
por Planeta y galardonado con el premio de Novela Fernando
Lara, es una novela de no ficción en la estela
de In Cold Blood de Truman Capote, y narra
los últimos días en la vida de Fernando
Sánchez Monreal. Un tema clásico en la
literatura: los últimos días en la vida de una
persona o personaje; sin embargo esta novela trasciende el clasicismo,
pues esos últimos días que se cuentan o narran
no son los de un cualquiera, un extraño, para el autor,
sino los de su padre, su propio padre.
Fernando Sánchez Dragó nació
en plena guerra civil, y para cuando nació su padre ya
había muerto; es decir, que nació huérfano,
huérfano de padre. Confieso que desconocía el
hecho y confieso asimismo que me sorprendió hasta el
extremo de experimentar cierta renuencia a leer Muertes Paralelas,
su último y -ahora lo sé- magnífico libro.
Conozco a Dragó hace más de veinticinco
años, cuando yo era apenas un debutante y él ya
director de Disidencias, el suplemento cultural más creativo
y original, distinto, que ha existido en la prensa española.
Ese Dragó que yo conocí, que volví a encontrar
años después en una fiesta en el Palacete de Planeta,
luego en TVE. En Negro sobre blanco, y últimamente,
con frecuencia, en Las Noches Blancas (el programa
que dirige en Telemadrid); ese Dragó con el que ya en
tantas ocasiones me he cruzado no parecía, no parece,
un huérfano. Podría replicarme el lector de esta
columna que no es necesario ser un personaje de Dickens
para parecer un huérfano, pero sí que
hay algo especial, una debilidad oculta y a menudo metamorfoseada
en fortaleza, en todas aquellas personas que conozco y han perdido
a su padre antes de tiempo. Y ahora, tras leer las 662 páginas
que conforman Muertes Paralelas, pienso que también hay
una fragilidad enmascarada en Fernando Sánchez Dragó,
el triunfador. En el último tercio de la novela, donde
se permite la brillante audacia de utilizarse a sí mismo
como personaje, se refiere con frecuencia, reiteradamente, con
menos ironía que dolor, a su propia persona como “el
huérfano” (a mí se me encogía el
alma cada vez que encontraba la palabra).
De una muerte acaecida hace casi setenta años difícilmente
puede averiguarse demasiado, y es ahí donde el
escritor encuentra ese recurso genial, indiscutiblemente brillante,
al que hacía alusión al principio. En cualquier
cuando averigua nuevos datos o cambia de criterio, vuelve atrás,
rescribe y cambia. Dragó no. No en Muertes Paralelas.
Los incluye. Incluye los nuevos descubrimientos sin cambiar
los anteriores. Deja convivir el error y el acierto y hasta
llega a poner en duda, diabólicamente, si el error es
error y el acierto, acierto. Fernando Sánchez
Dragó es ante todo escritor y hombre de acción;
y eso son sus libros (éste más que ninguno): acción
de literatura, su pura y propia vida. “Escribo para mí
solo”, dice en la penúltima página. Para
él solo y para todos los que nos atrevemos a estar vivos,
ser hombres o mujeres de acción, ser... como Dragó.
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