Gentuza , se publica en diferentes versiones, por motivos de espacio y filosofía, en La Opinión de Murcia y Cambio16; mes de mayo.


Sobre Sombreros

"Qué peligrosas las voces con crédito, las autorizadas, las que nunca mienten como si aguardaran el día en que de veras valga la pena o les toque hacerlo, y entonces persuaden sin ningún esfuerzo de lo más fantástico o ponzoñoso". La frase precedente salió de la pluma del escritor Javier Marías y concretamente puede leerse en la página 44, primera edición (1998), de "Negra espalda del tiempo, y la cito porque para mi sorpresa ha sido el propio Javier Marías -una voz con crédito, autorizada, que nunca miente o mentía- quien ha lanzado desde su tribuna una suerte de peculiar campaña contra aquellos que "en estos tiempos" utilizamos sombrero. Confieso que a mí sólo me ha llegado el murmullo, el eco del rumor lejano del río, pues no leí o escuché la diatriba en cuestión y sólo supe de la misma a través de la respuesta al absurdo ataque articulada por la muy inteligente escritora-creo que eso no lo puede poner nadie en duda- Elvira Lindo.
Cuando hace dos años la Editorial Destino tuvo a bien concederme el Premio Nadal, como finalista, hubo un aristócrata invitado a la tradicional cena que acompaña al premio que se lamentó públicamente de mi desconocimiento acerca de lo que el protocolo indica respecto al uso de la mencionada prenda en interiores. A la tristeza que mi ignorancia había provocado en el conde, duque o lo que fuera- preferí no hacer más averiguaciones respecto a su identidad o título- respondí en una entrevista explicando que dada mi experiencia como funcionario en el extranjero, con pasaporte diplomático y que dependía política y protocolariamente de la embajada, me era bien conocido el protocolo, según el cual las mujeres pueden permanecer con sombrero en cualesquiera circunstancia mientras que a los hombres nos es obligado quitárnoslos de la cabeza y dejarlo en el perchero.
Habrá advertido ya el lector inteligente la dificultad que conlleva dejar nada en un mueble, el perchero, que prácticamente ha desaparecido en nuestro país de casi todos los bares, oficinas y restaurantes: que yo sepa sólo subsisten en contadísimos despachos muy elegantes, restaurantes anticuados y bares de solera. Pero aún en estos lugares -con la excepción de los restaurantes- es raro que quien escribe estas palabras, el ensombrerado Javier Puebla, se quite de la cabeza la prenda; y ello por varios motivos. En primer lugar porque como dijo John Wayne "hay gente que siempre tiene frío en la cabeza"; en segundo término porque para quitarse el sombrero al menos habría que llevar un peine en el bolsillo y pasar previamente por los servicios, pues se tenga escasa o abundante cabellera el uso de sombrero, gorro o capucha tiende a dejar los cabellos tiesos y desordenados; y por último no me quito el sombrero en interiores, porque no me da la gana, porque me divierte y es la prueba de lo fácil que resulta epatar -en estos tiempos que yo pensaba o soñaba eran tolerantes y cosmopolitas- a cualquiera, incluso a aquellos que detentan "las voces con crédito, las autorizadas, las que nunca mienten como si aguardaran el día que de veras valga la pena o les toque hacerlo, y entonces persuaden sin ningún esfuerzo de lo más fantástico o ponzoñoso".

 

 

 

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