Vaselina, se publica en diferentes versiones, por motivos de espacio y filosofía, en La Opinión de Murcia y Cambio16, a finales de febrero o primeros de marzo.


Vaselina


Perdone el lector si alguna frase sale brusca, revirada o en forma de aullido; pero es que escuece. Escuece, duele al sentarse y molesta al andar. No, no se hagan ilusiones las hordas bárbaras, no voy a salir de ningún armario. Pero naturalmente en este mundo no hace falta ser homosexual para que te den por el culo (había decidido no poner esa fea expresión: que te den por culo, en esta columna). Pero el hombre propone y su escozor dispone: en fin, a “tomar por culo” y “que nos den por el culo” (que no hay dos sin cuatro).
Por otra parte, aclaro por si alguien no está interesado en el tema el presente artículo no va a versar sobre sexo, sino sobre una aseguradora de coches, La Mutua Madrileña y un taller llamado Reparaciones Álvarez.
En la ciudad de Madrid, donde habito por motivos estrictamente literarios (aquí es donde te dan por el culo editores, agentes y demás amos del cotarro al que tenemos que someternos los creadores con la pretensión de vivir de nuestro culo, quiero decir: de nuestro don, ese regalo que nos permite escribir, o pintar o hacer pelis con “tanta facilidad” que acabamos sintiéndonos diferentes y “artistas” (já, artistas); pero vuelvo al principio del párrafo para que nadie pierda el hilo: En la ciudad de Madrid había, hay, una compañía de seguros llamada Mutua Madrileña que tenía fama de ser la mejor de España. Fin de fama. Es tan mala o peor que cualquier otra. Lo juro. Palabra de enculado, quiero decir, palabra de mutualista engañado, maltratado y despreciado (con una póliza de más de cincuenta años, no vayan a creer que llevaba dos meses como afiliado). Según el diccionario mutua o mutuo, significa: recíproco o correspondiente a cada uno de varios sujetos. Y mutualidad: asociación basada en un régimen de prestaciones mutuas. Al parecer la Mutua Madrileña funcionaba magníficamente porque antaño respetaba el significado de su nombre. Ya no. Ahora ellos dan por culo y construyen gigantescos edificios para hacerlo mejor. Tú no: el edificio no es tuyo. Suben cuotas sin que el mutualista dé un solo parte (mi caso subida de casi el quince en tres años). Redacción engañosa en la parte superior del papel (póliza) que es obligatorio llevar en el coche. Vean: Mínimo: 90, franquicia: 20%, máximo 480; soy escritor, abogado, hombre de mundo que ha leído más de dos mil libros, y entiendo -así sucede hasta en los bancos - que el mínimo se aplica cuando con el porcentaje anunciado no se llega a la cantidad señalada como mínima. En la Mutua, alegría y abra el ojete, hombre, el mínimo ¡lo suman siempre! (“lea usted la letra pequeña”, “perdón, ahora no puedo, me estoy rascando el socavón y además pensaba que eramos mutualistas y actuábamos todos de buena fe"). Lo mismo quise creer cuando deje mi auto en el Taller de Reparaciones Álvarez, que si les trataba como gente decente actuarían como tales. Soy idiota, claro, me empeño en pensar que se puede confiar en el prójimo, como tantos tontos españoles. Y por eso me dan por culo, nos dan por el culo, y nuestra única opción real es aguantar. No hay otra. Aguantar. Aguantar, ¡y vaselina! (Deberían regalarnos un tubito a todos cada vez que entramos en talleres, compañías de seguros, hospitales privados o mil otros ascos).


 

 

 

Portada

Relatos

Novelas

Columnas