Ángel Saura en Nueva York , se publica en diferentes versiones, por motivos de espacio y filosofía, en La Opinión de Murcia y Cambio16; mes de junio o julio.

 

Ángel Saura en Nueva York

Acaba de llegarme por correo, correo postal (ese viejo invento), eun libro -apabullante- firmado por el fotógrafo murciano Ángel Fernández Saura que versa sobre Nueva York, y cuyas imágenes por motivos de distancia y tiempo no pude ver en su momento. A veces, muchas veces, vivir en el centro de la piel de toro hace que las noticias, los actos, la vida, lleguen más tarde, cuando ya se han extinguido y apenas son un eco, del mismo modo que desde la tierra vemos brillar estrellas en el firmamento que ya han muerto. Pero en este caso, insospechada alegría, ese eco, ese brillo de estrella, es tan magnífico, está tan vivo que no puedo menos que escribir algunas palabras para celebrarlo. Quizá consiga, el libro lo merece, que la exposición que Saura hizo en Murcia vuelva a reproducirse en Madrid, que el eco vuelva a ser voz, la estrella recupere su vida para emitir nuevos brillos.
He pensado organizar una reunión con el Grupo de Brooklyn: Achero y Federico Mañas, Fermín Cabal y Eduardo Lago, para enseñarles el libro que quizá podría exponerse hasta en el mismísimo Nueva York (esa urbe que –siempre he sostenido- es igual de cosmopolita que nuestras ciudades mediterráneas) pues quizá llegue, por una vez, mi mano y vicariamente, a través de un amigo, hasta la mítica Gotham (el nombre que los neoyorquinos dan a su ciudad); y quizá eso sea posible porque la Ciudad que retrata, desnuda, besa, muerde, escupe y acaricia Saura en sus fotografías es también la nuestra; “Mi” Grupo de Brooklyn se formó en el mismo lugar y época.
Tiene pues para este cronista el libro un punto de álbum de recuerdos; algunos concretos: conozco a las modelos de los desnudos, a los retratados, todas las calles y edificios..., y otros intangibles: la sensación de vida que emiten las ventanas, las pequeñas terrazas conectadas a escaleras de incendios, en las que he estado sentado horas infinitas, a las que he mirado por tiempo ilimitado y en las que he visto, como Saura, aunque con rostros diferentes, mujeres bellísimas, mujeres espantosas, hombres tristes y ejecutivos descansando, gatos-teléfono capaces de hacer magia y perros telépatas con el corazón atravesado por cinco cuchillos.
Acaricio el libro, la edición no tiene nada que envidar a la más lujosa que haya visto en los últimos años, las letras en relieve, la inteligencia del rojo y el negro, y siento que Saura desde mi amada Murcia me ha enviado un “objeto de poder”, algo con lo que hacer magia para que vuelva a mí Nueva York, ciudad que tengo casi olvidada a causa del “charlestón” continuo que es la vida en el agujereado y ruidoso que es Mad Madrid. Gracias Ángel. Gracias Murcia. Gracias Nueva York. Gracias por el milagro pequeño y trinitario que habéis logrado: Saura, Murcia y NY, de ser sólo uno en este libro.



 

 

 

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