De la vulnerabilidad de los ángeles , se publica en diferentes versiones, por motivos de espacio y filosofía, en La Opinión de Murcia y Cambio16, y en esta web; abril 007.


De la vulnerabilidad de los ángeles

 

Raúl Guerra Garrido es un escritor que no necesita de presentaciones, premio Nacional de las letras españolas el año pasado y Nadal en el 76 con “Lectura insólita de El Capital”. Un hombre que ha ido tejiendo a lo largo de su carrera o su vida (en su caso ambas palabras podrían utilizarse como sinónimo) un mundo propio. Su último libro, publicado por Alianza, es una piedra más en el camino que con amor, pasión y trabajo, mucho trabajo, sigue construyendo Guerra Garrido para deleite de sus muy numerosos lectores. El título de su nueva obra suena a la vez a nuevo y a clásico: La soledad del ángel de la guarda. Ya la portada, firmada por quien quizá sea en el momento actual el mejor portadista de nuestro país: Ángel Uriarte, es ya una maravilla, unos pies que también son alas (fotografía de Pedro Cosano) sobre un fondo color fuego; suave fuego. Pero si la portada es excelente las tripas (como las llamamos en el argot profesional) no le van a la zaga.
La novela narra, en primera persona, la historia de un guardaespaldas, un ángel de la guarda, en un lugar que no se especifica pero que para cualquier lector resulta evidente en que ciudad del norte de España está inspirado. Un gorila que debe cuidar a un viejo profesor. ¿Y de qué hablan un gorila y un viejo profesor? ¿Puede el gorila, el hombre fuerte que cuida al débil, al físicamente más débil pero intelectualmente infinitamente más fuerte, contarnos la historia de esa peculiar relación? Puede. Sí, puede. Y ahí está la maestría de Guerra Garrido en la voz del escudo humano, del gorila, del protector ángel de la guarda. Resulta tan creíble que el lector tiene la sensación, yo la tuve, que se introduce en la cabeza de ese hombre con un trabajo tan peligroso como sutil, que protegiendo otra vida descuida necesaria e imprescindiblemente en determinados momentos el cuidado de la suya. Hay datos sorprendentes: los guardaespaldas privados no tienen ningún tipo de respaldo oficial y se ven obligados a comprar chapas de poli falsas en el mercado negro, frases brillantes: no estoy infectado, yo soy la infección, y otros muchos hallazgos, pero lo mejor, sin duda, es la historia en su conjunto.
Confieso que cuando el libro llegó a mis manos mi intención era apenas echarle un vistazo y seguir con mister Nick Flynn y Otra noche de mierda en esta puta ciudad (Anagrama), pero la soledad del ángel que habla mi idioma pudo más que la traducción impecable de la obra, enmarcable en la llamada “pain fiction”, del largamente desdichado autor americano, que durante un par de días tuvo que aguardar en mi mesilla. Mi intención, ay las intenciones, era también acudir al desayuno de prensa organizado por la editorial para así conocer a Raúl Guerra Garrido, pues su libro me estaba gustando tanto como sorprendiendo, pero sucedió que me lo encontré la tarde anterior, en un plató de Telemadrid donde grabábamos una nueva entrega de esa tertulia literaria viva comandada por Dragó que es Las Noches Blancas. Y sucedió también que, por puro azar una vez más ya que a Dragó le había llegado la noche anterior, el único tribuno presente que había leído La soledad del ángel de la guarda era yo, así que me tocó, de algún modo, apadrinarlo. Y lo hice encantado. Observando mientras hablaba el aura tranquila, de hombre en paz consigo mismo, de ángel de la guarda -vulnerable aunque no frágil- de Raúl Guerra Garrido.


 

 

 

 

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