Gallardón, calidad de estómago , se publica en diferentes versiones, por motivos de espacio y filosofía, en La Opinión de Murcia y Cambio16, y en esta web; mayo 2007.


Gallardón, calidad de estómago


Afirma en su aforismo 102 el gran pensador Baltasar Gracián -Gracián siempre afirma y particularmente en su Oráculo manual y arte de la prudencia- que es necesario tener un buen estómago, un estómago de calidad, para los grandes bocados de la fortuna: lo que es ahíto en unos es hambre en otros. Y creo -este humilde columnista prefiere creer que afirmar, a diferencia de su maestro- que el citado aforismo puede utilizarse para analizar la candidatura de Alberto Ruiz Gallardón para su segundo mandato en la alcaldía de Madrid. Imaginense a su oponente, de quien todos hablan, hablamos, bien, como si intuyéramos que es necesario protegerle, que es un peón que se ha sacrificado en mor de futuros saltos de caballo y diagonales de alfiles en el ajedrez político patrio. Imaginense a su oponente, a Sebastián, el hombre que sueña con playas y tranvías, como si se pudiese convertir Madrid en San Madrid, imagínense a Sebastián convertido en alcalde y entenderán sin posibilidad de sombras el aforismo del maestro Gracián. El cargo le quedaría grande, como le ha quedado grande a muchos, muchísimos, próceres de la vida política española desde que estrenamos democracia; y aún antes de estrenar democracia, que no todo son novedades en el “gobierno del pueblo para el pueblo”.
Pero volvamos a Gallardón. Para Gallardón la alcaldía de Madrid es lo que sería un buen cocido de Lhardy para un gastrónomo acostumbrado a la buena pitanza. No es que se vaya a quedar con hambre, le parezca poca comida. Se comerá el cocido, disfrutará, pero no arrebañará groseramente el plato, no se llevará la cubertería de plata a su casa, no se pondrá enfermo por haber comido demasiado.
Gallardón es perfecto para la alcaldía de Madrid, ya lo ha demostrado durante cuatro años, como antes fue perfecto en su cargo de Presidente de la Comunidad del mismo nombre, porque le sobra estómago, capacidad estomacal para semejantes cargos. Y aún hay más, no tiene ninguna otra opción ante sí mismo que realizar su trabajo de modo excelente, porque se sabe con capacidad para mucho más. En mi opinión hasta la presidencia de la nación sería un bocado que Alberto Ruiz Gallardón digeriría sin empacho, y hasta si hubiese un día un presidente europeo “de verdad” Gallardón sería uno de los hombres y nombres para tener en cuenta.
Y es por ello por lo que debe hacerlo bien, por lo que siempre lo ha hecho bien en cuantos cargos ha ocupado, logrando estar siempre por encima del marco de los mismos. Porque si fracasese como presidente de comunidad o como alcalde no se le daría la oportunidad, superior, para la que está evidentemente capacitado.
Dicho lo anterior resulta de una simplicidad casi infantil comprender porqué se debe votar a Gallardón en estas elecciones. Incluso si a alguien no le simpatiza, incluso si se vota por puro egoísmo, la opción inteligente, la única no idiota, es votar por Gallardón. Porque lo hará bien, inevitablemente bien. No tiene otra opción: es el único medio que tiene para acceder a los bocados verdaderamente grandes, los que -desde mi distante y fría opinión- merece.

 

 

 

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