Gallardón, calidad de estómago
Afirma en su aforismo 102 el gran pensador Baltasar
Gracián -Gracián siempre afirma y particularmente
en su Oráculo manual y arte de la prudencia- que es
necesario tener un buen estómago, un estómago
de calidad, para los grandes bocados de la fortuna: lo que
es ahíto en unos es hambre en otros. Y creo
-este humilde columnista prefiere creer que afirmar, a diferencia
de su maestro- que el citado aforismo puede utilizarse para
analizar la candidatura de Alberto Ruiz Gallardón para
su segundo mandato en la alcaldía de Madrid. Imaginense
a su oponente, de quien todos hablan, hablamos, bien, como
si intuyéramos que es necesario protegerle, que es
un peón que se ha sacrificado en mor de futuros saltos
de caballo y diagonales de alfiles en el ajedrez político
patrio. Imaginense a su oponente, a Sebastián, el hombre
que sueña con playas y tranvías, como si se
pudiese convertir Madrid en San Madrid, imagínense
a Sebastián convertido en alcalde y entenderán
sin posibilidad de sombras el aforismo del maestro Gracián.
El cargo le quedaría grande, como le ha quedado grande
a muchos, muchísimos, próceres de la vida política
española desde que estrenamos democracia; y aún
antes de estrenar democracia, que no todo son novedades en
el “gobierno del pueblo para el pueblo”.
Pero volvamos a Gallardón. Para Gallardón
la alcaldía de Madrid es lo que sería un buen
cocido de Lhardy para un gastrónomo acostumbrado a
la buena pitanza. No es que se vaya a quedar con
hambre, le parezca poca comida. Se comerá el cocido,
disfrutará, pero no arrebañará groseramente
el plato, no se llevará la cubertería de plata
a su casa, no se pondrá enfermo por haber comido demasiado.
Gallardón es perfecto para la alcaldía de Madrid,
ya lo ha demostrado durante cuatro años, como antes
fue perfecto en su cargo de Presidente de la Comunidad del
mismo nombre, porque le sobra estómago, capacidad estomacal
para semejantes cargos. Y aún hay más, no tiene
ninguna otra opción ante sí mismo que realizar
su trabajo de modo excelente, porque se sabe con capacidad
para mucho más. En mi opinión hasta la presidencia
de la nación sería un bocado que Alberto Ruiz
Gallardón digeriría sin empacho, y hasta si
hubiese un día un presidente europeo “de verdad”
Gallardón sería uno de los hombres y nombres
para tener en cuenta.
Y es por ello por lo que debe hacerlo bien, por lo que siempre
lo ha hecho bien en cuantos cargos ha ocupado, logrando estar
siempre por encima del marco de los mismos. Porque si fracasese
como presidente de comunidad o como alcalde no se le daría
la oportunidad, superior, para la que está evidentemente
capacitado.
Dicho lo anterior resulta de una simplicidad casi infantil
comprender porqué se debe votar a Gallardón
en estas elecciones. Incluso si a alguien no le simpatiza,
incluso si se vota por puro egoísmo, la opción
inteligente, la única no idiota, es votar por Gallardón.
Porque lo hará bien, inevitablemente bien. No tiene
otra opción: es el único medio que tiene para
acceder a los bocados verdaderamente grandes, los que -desde
mi distante y fría opinión- merece.