¡UN ESCRITOR GANA EL AZORÍN!
Mira que gracioso el Javier Puebla y su sombrerito
de los cojones, que “un escritor gana el Azorín”
y encima le pone exclamaciones al título, como si estuviese
gritando porque ha descubierto la pólvora.
Pues sí, señores: he descubierto la pólvora,
la PÓLVORA NEGRA de la bomba literaria
que ha armado Montero Glez, el escritor.
El escritor que ha ganado el Premio Azorín. En Formula
Uno sería estúpido decir que un piloto ha ganado
un Gran Premio, o en los mundiales de natación que
un nadador ha conseguido una medalla, pero en el mundo literario...
¡venga ya! Los premios los ganan periodistas porque
salen en la tele o chic@s atractiv@s o el hijo de su madre
tan famosa o hasta el burro flautista que pasaba por allí
se tiró un cuesco sobre el teclado de un ordenador
y le salió -maravilla de las fábulas- una novela.
Realmente me flipa que un premio literario lo gane un escritor,
y además con una novela -a eso iremos luego- excelente.
Porque también sucede que cuando un escritor, somos
muy poquitos, gana un premio lo hace con las páginas
más perezosas y rastreras que se ha marcado en su vida
porque lo normal es que esté pactado, encargado, falseado.
¿Alguien lo duda? Piensen en Marsé,
que hizo su peor novela para el Planeta; y verán que
no es el único caso.
Montero Glez, esa bestia simpática que nació
escritor y se ha pasado la vida currándose ese don
o desgracia con la que le marcó el destino, en PÓLVORA
NEGRA aborda el intento de asesinato por parte de Mateo
Morral de Alfonso XIII el infausto
día de su boda. Podría oler a “novela
histórica”, mi género detestado por antonomasia,
y quizá lo sea, pero el toro lo torea un torero, un
escritor, y el resultado es un pedazo de libro buenísimo
que no se suelta hasta el final, al que no se ven las trampas
del oficio porque no las tiene, porque está escrito
con el corazón, la cabeza y los huevos: como deberían
escribirse siempre los libros. Montero afronta el libro desde
una perspectiva doble: cuenta los hechos, descubre los lugares,
dibuja a los personajes desde el hoy, desde quien él
es ahora mismo, pero... cuando encuentra algo que le fascina
se deja arrebatar, se mete dentro del cromo como un niño
y consigue que el cromo tenga vida, se mueva, que el
teniente Beltrán -genial- resulte más
real y cercano que ningún detective o policía
de novela moderna; el lector siente en sus dedos el pelo de
la camarera rubia, el olor de los bares, la oscuridad de las
calles sucias. Miré mis propios dedos a ver si yo también
me los había cortado al leer cuando Mateo Morral termina
de cerrar la bomba Orsini con la que no mató a Alfonso
XIII y la bomba le pegó dos bocados: uno en el dedo
índice y otro en dedo medio. Mateo Morral se chupa
los dedos, Montero utiliza los suyos como un mago y la editorial
Planeta sin duda se frota los suyos, porque como -lúcido
y descarado- apuntó él mismo: “Es la editorial
Planeta quien se premia a sí misma con una novela de
Montero Glez”. No puedo estar más de acuerdo.
Señores, despierten: un escritor ha ganado el Azorín.
Increíble, insólito, inaudito... ¡la hostia!
