JAVIER PUEBLA

                     
FADANELLI

Suena a italiano, pero no; se trata de un mejicano del D.F. Y también suena a músico, pero tampoco; Fadanelli, Guillermo Fadanelli, es un escritor nacido en mil novecientos sesenta y tres y que a los 26 años fundó una revista mítica en su país: Moho. Pero para mí Guillermo Fadanelli es el autor de una de mis novelas favoritas del último lustro: EDUCAR A LOS TOPOS. Y también fue una desilusión el pasado año cuando Anagrama, su editorial habitual en España, sacó a la luz Malacara; se me cayó de las manos. Así que cuando apareció LODO, su última novela (escrita en 2002 y revisada en 2008), aunque me hice con ella tan rápido como me lo permitieron las circunstancias fui dejándola aparcada, temeroso de que volviera a sucederme como con MALACARA y se me cayese de las manos y Fadanelli, pasa con cierta frecuencia, fuera el autor de una sola novela brillante, la mencionada EDUCAR A LOS TOPOS, y múltiples intentos fallidos. De Educar a los topos queda en mi memoria sobre todo una frase, quizá la más brillante y profunda que he leído en mi vida: “LOS PADRES SIEMPRE QUIEREN LO PEOR PARA SUS HIJOS”, y explico por qué me parece tan brillante. En primer lugar porque lo parece, pero automáticamente el cerebro piensa que es mentira, un juego literario, que los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos; yo como padre, en un principio, lo creo y lo siento. Pero en un tercer análisis comprendes que es absolutamente verdad, que un padre, y quizá más aún una madre, prefiere a un hijo funcionario que campeón de fórmula uno o novelista o cineasta de éxito. En un documental sobre Woody Allen aparecían, al cierre, sus padres, lamentándose que no se hubiese convertido en el farmacéutico que ellos deseaban o soñaban. Allen acababa de regresar de una gira por Europa cargado de premios varios que, al igual que los Óscar, sobre la repisa de la chimenea familiar, ofreció a sus padres. Pero sus padres seguían prefiriendo “lo peor para él”, que hubiese sido un farmacéutico y hubiese estrangulado al creador genial que llevaba dentro. Y siempre es así. A ningún padre le divierte que su hijo se divierta en un botellón o una orgía.
Quizá el problema con Fadanelli residía en que había colocado su propio listón demasiado alto; le sucede a casi todos los artistas que triunfan jóvenes y su público, al exigirles más de lo mismo, les obliga a copiarse o plagiarse a sí mismos.
Así de cargado de prejuicios abrí ayer noche, muy cansado tras un largo día familiar, Lodo. Y me enganchó, me cogió por el estómago y disipó mi cansancio, me sedujo y enamoró, siendo consciente de que prácticamente no estaba contando nada, aunque sí, sí cuenta Fadanelli “todo” (aunque apenas se le nota), pero sobre todo era la fuerza, la certeza de la prosa. “No es que las mujeres hubiesen deseando de interesarme”. Así empieza “la voz” de un profesor de filosofía mal pagado, un pobre tipo... que sin embargo enamora. Leí hasta el amanecer, y sólo apagué la luz porque estaba a punto de levantarse mi pequeña familia. Pero en cuanto termine de escribir esta columna volveré sobre Lodo; para seguir devorándolo.

 

 

 

 

 

 

 
 

 

 

 

Javier Puebla-La inutilidad de un beso. Segunda entrega de LA TRILOGIA DE EL TIGRE. Kafkiana, rara y -quizá- hasta genial.

Javier Puebla

Javier Puebla firmó la primera obra de mister Frederic Traum. Al parecer tiene amigos bastante poco recomendables

   
   
       
Carpe diem, visitante nº Que los hados guíen tus pasos