| El
Eurror
Queridos niños y niñas, lectores
y lectoras, ya sé que con sólo haber leído
el título sabéis lo que os voy a contar, porque
lo estáis padeciendo en vuestra propia carne; vida; cartera.
El Eurror, El Heurror, que azota Europa, y os azota a vosotros,
me azota a mí, nos azota a todos con la misma y alegre
impiedad que el huracán Wilma para hacer bailar las palmeras
en el Caribe.
El Eurror, que nos ha convertido a todos en extranjeros en nuestro
propio país; extranjeros de nuestra moneda y de años
y años de cálculos e información. Hubo
un tiempo, sólo hace falta un mínimo esfuerzo
de memoria para recuperarlo, que cualquiera sabía lo
que se podía hacer con cien mil pesetas, el tiempo que
podría vivir con el milloncito que tenía ahorrado
si se quedaba en el paro. Ahora todos hemos desistido de hacer
cálculos: no se puede vivir en el extranjero eternamente
sin sentirse perdido y sin raíces. Y eso es que ha logrado
el Eurror (me imagino a Marlon Brando, en Apocalipsis Now, pasándose
la cabeza por el cráneo rapado y repitiendo el eurror,
el eurror, en lugar del horror, el horror). Nadie sabe ya que
se puede hacer con mil euros, que en nuestra torpe sicología
numérica han acabado por asimilarse a las cien mil pesetas;
y mucho menos lo que es un millón, aquella cifra mágica
y hermosa. Porque es evidente que uno de nuestros millones no
pueden ser seis mil euros de mierda de ahora; pero tampoco consiguen
ni conseguirán jamás diez mil euros tener la fuerza,
la magia, que tenía nuestro viejo millón. Y un
millón de euros... es una cantidad incomprensible. Estamos
desamparados, la cabeza numérica perdida por culpa de
esa tramontana que ha asolado Europa bajo el nombre de “euro”.
Preguntas y:
-Vivo igual y gasto mucho más (un amigo banquero).
-Vivo peor y gasto bastante más (lo habitual; no todo
el mundo puede sacar agua-dinero del pozo de su banco cuando
el coste de la vida aumenta un 85% en cuatro años).
-Vivo horriblemente, peor que antes, pero gasto igual: todo.
¿Y qué hacemos, podemos hacer, para defendernos?
No hay vacunas, excepto emigrar muy lejos (¿la luna?);
porque esto no es una simple gripe aviar, que puede matar a
unos cuantos. El Eurror acabará con todos, y estaremos
tan agotados ya que no tendremos ni fuerzas para luchar. Porque
esto, queridos niños y niñas, lectores y lectoras
que pagáis cuatrocientas pesetas largas por una caña,
setenta y cinco pelas por una barra de pan, ciento setenta por
un litro de gasolina, no ha hecho más que empezar. El
Eurror aún guarda en la manga su cola de huracán
más efectiva y tenaz: los tipos de interés. Y
en verdad os digo que pronto, muy pronto, contagiado por Dolor
Dolar, los tipos de interés comenzarán a crecer
y crecer. Y todo lo que debemos será imposible de pagar,
aunque trabajemos veinticinco horas al día (ya, muchos,
trabajamos veinticuatro).. El Eurror ha llegado. España
se ahoga; aunque bracee frenéticamente y no pare de hacer
obras, construir casas y abrir negocios. El hombre es la peor
de las catástrofes de la naturaleza y ha inventado, hemos
inventado, el eurror. ¡Nos vamos a enterar!
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