Erase Un Vez Perón
Hace unos días Alianza Editorial presentó
en un céntrico hotel de Madrid la última obra
del excelente prosista argentino Horacio Vázquez-Rial,
que en esta ocasión no era una novela, sino la biografía
de uno de los numerosos argentinos que han trascendido sus
fronteras (Fangio, Cortázar, Maradona, etc, etc) para
convertirse en iconos de la cultura, el valor o la política
del panorama mundial. Me estoy refiriendo a Perón,
el hombre que convirtió a aquella hija legítima
conocida como Evita en una figura internacional,
imperecedera y finalmente más literaria o cinematográfica
que de carne y hueso.
En la presentación del libro, un desayuno de prensa
primorosamente organizado como suelen ser los actos de promoción
que organiza Alianza, y amén de los preceptivos periodistas
-algunos de gran lujo como el escritor y crítico Joaquín
Arnaiz- había varios argentinos, hombres de
letras o no, que como es natural tenían su propia visión
del peronismo, sus verdaderas tendencias políticas,
y que aún siguieron charlando discutiendo y puntualizado
cuando los columnistas, informadores y críticos abandonamos
la sala para atender otros pequeños quehaceres impuestos
por la interminable e intensa mañana madrileña.
Y podría pensarse que sería sólo a esos
expatriados, esos argentinos universalistas capaces de adaptarse
a París, Madrid, Londres o Río, y mezclarse
de modo natural con las clases altas de la sociedad, a quienes
podría interesar un libro de casi setecientas páginas
y documentado de modo exhaustivo pues nace con la pretensión
de ser la biografía, sino definitiva, sí al
menos la que marque las pautas respecto a la figura de Juan
Perón en los próximos años; pero como
muy oportunamente indicó Horacio Vázquez-Rial
la historia de Argentina es la historia de España,
la historia de España es la historia de Argentina.
No sólo es el lenguaje y la economía sino también
los protagonistas, individuos como Benjumea
que tras ser detenido en Buenos Aires por una inadecuada gestión
de Aerolíneas, volvería a España
libre y preparado para ser nombrado presidente de Renfe.
Sin embargo no es sólo el lector amante de las biografías
quien puede y debe acercarse a este magnífico libro,
subtitulado: Tal vez la historia. A cualquier lector de ficción,
como es mi caso, también le ganará, fascinará,
la prosa contenida inteligente y poética de Vázquez-Rial,
ganador en su momento del premio de novela Fernando Quiñones
por su obra La Capital del Olvido. Y permítanme, para
demostrarlo, que dé fin a estas líneas con la
descripción de Eugenio Holgado, en la página
105. Holgado era un tipo duro. Sensible aunque no bondadoso,
como suelen serlo los auténticos tipos duros que constantemente
contienen el llanto a fuerza de voluntad para no caer jamás
en el sentimentalismo. Amaba a quienes amaba y se desentendía
del resto. Si una novela comenzase así es improbable
que el lector no la devorase hasta la última de sus
páginas. Lo mismo sucede con esta biografía,
este libro.