La Relatividad, 19 de diciembre 2005, La Opinión

Erase Un Vez Perón


Hace unos días Alianza Editorial presentó en un céntrico hotel de Madrid la última obra del excelente prosista argentino Horacio Vázquez-Rial, que en esta ocasión no era una novela, sino la biografía de uno de los numerosos argentinos que han trascendido sus fronteras (Fangio, Cortázar, Maradona, etc, etc) para convertirse en iconos de la cultura, el valor o la política del panorama mundial. Me estoy refiriendo a Perón, el hombre que convirtió a aquella hija legítima conocida como Evita en una figura internacional, imperecedera y finalmente más literaria o cinematográfica que de carne y hueso.
En la presentación del libro, un desayuno de prensa primorosamente organizado como suelen ser los actos de promoción que organiza Alianza, y amén de los preceptivos periodistas -algunos de gran lujo como el escritor y crítico Joaquín Arnaiz- había varios argentinos, hombres de letras o no, que como es natural tenían su propia visión del peronismo, sus verdaderas tendencias políticas, y que aún siguieron charlando discutiendo y puntualizado cuando los columnistas, informadores y críticos abandonamos la sala para atender otros pequeños quehaceres impuestos por la interminable e intensa mañana madrileña. Y podría pensarse que sería sólo a esos expatriados, esos argentinos universalistas capaces de adaptarse a París, Madrid, Londres o Río, y mezclarse de modo natural con las clases altas de la sociedad, a quienes podría interesar un libro de casi setecientas páginas y documentado de modo exhaustivo pues nace con la pretensión de ser la biografía, sino definitiva, sí al menos la que marque las pautas respecto a la figura de Juan Perón en los próximos años; pero como muy oportunamente indicó Horacio Vázquez-Rial la historia de Argentina es la historia de España, la historia de España es la historia de Argentina. No sólo es el lenguaje y la economía sino también los protagonistas, individuos como Benjumea que tras ser detenido en Buenos Aires por una inadecuada gestión de Aerolíneas, volvería a España libre y preparado para ser nombrado presidente de Renfe.
Sin embargo no es sólo el lector amante de las biografías quien puede y debe acercarse a este magnífico libro, subtitulado: Tal vez la historia. A cualquier lector de ficción, como es mi caso, también le ganará, fascinará, la prosa contenida inteligente y poética de Vázquez-Rial, ganador en su momento del premio de novela Fernando Quiñones por su obra La Capital del Olvido. Y permítanme, para demostrarlo, que dé fin a estas líneas con la descripción de Eugenio Holgado, en la página 105. Holgado era un tipo duro. Sensible aunque no bondadoso, como suelen serlo los auténticos tipos duros que constantemente contienen el llanto a fuerza de voluntad para no caer jamás en el sentimentalismo. Amaba a quienes amaba y se desentendía del resto. Si una novela comenzase así es improbable que el lector no la devorase hasta la última de sus páginas. Lo mismo sucede con esta biografía, este libro.