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HACE UNOS DÍAS
CONOCÍ A UN TIPO GENIAL
Hace unos días conocí a un tipo
muy, muy genial, realmente genial, a genial genious,
como dicen los americanos: Suso33. Suso, para
los amigos, y Jesús para sus profesores en la escuela.
Había quedado con él con intención de entrevistarle,
para La Clave en un principio (pero soy un freelance y mis trabajos
o columnas pueden acabar apareciendo en muchos y muy diversos
sitios), y la idea era charlar veinte o treinta minutos y luego
salir hacia el Palacio Gaviria para entrevistar a los responsables
de esa productora y distribuidora fascinante llamada Lolita
Peliculitas: Mar Muro y Jotaeme Arango..., pero el personaje,
y aún más la persona, me fascinó hasta
tal punto que olvidé la cita por completo (al día
siguiente llamé para pedir disculpas a la bellísima
Mar y el inquietante Jotaeme, y hace un par de días me
reuní con ellos y les entrevisté; siempre, o al
menos casi siempre, cumplo). A Suso33 quizá algún
lector le viese el pasado lunes en el programa Metrópolis
(es coautor del graffiti más grande del mundo, doscientos
metros por tres); pasamos juntos más de tres horas, hasta
las dos de la noche. Suso es mucho más que un graffitero;
más bien es un creador impresionante, con un discurso
intelectual lúcido, coherente y originalísimo:
digno de Marcel Duchamp. Hablamos y hablamos.
Y empatizamos: a ambos el acto de crear nos cura el dolor de
la vida. Y tras dos horas hablando sin parar en la barra de
un bar montamos en su furgoneta de "peligroso social",
con todos "los trastos de matar" (sprays, mascarillas
y demás) en la parte trasera, para ir a ver sus geniales
pintadas. La serie AUSENCIAS, que a mi modo
de ver sería más revolucionario y ajustado llamar
PRESENCIAS, realizada en esas cosas rotas por la mitad en la
que aún se adivinan cuartos, habitaciones muy concretas,
es de lo mejor que he visto en mi vida, junto a la serie "Cachorros"
de Ángel Haro y a la obra del pintor
senegalés Papa Sala Mboup. Siluetas
creadas a base de líneas, con un cierto aire africano,
que devuelven a los fantasmas expoliados de sus hogares -el
barrio de Tetuán ha sido masacrado en beneficio de la
especulación- y nos recuerdan a todos que la ciudad era,
en un principio, un lugar para ser habitado por seres humanos,
y no la impiedad en la que se ha convertido. Pero el barrio
de Tetúan no está destruido del todo, afortunadamente.
Todavía no está destruido del todo. Ya nos íbamos
cuando desde el coche vimos a dos amigos de Suso, una pareja
de artistas: Nacho y Belén. Volvían, borrachos
de sake, de cenar en un japonés. Y ella, por si fallaba
el plan original, llevaba en el bolso dos sobres de sopa. Me
regaló uno, el de sopa de pollo. Me lo regaló
y cuando ya arrancábamos el coche gritó desde
la calle dorada y oscura.
-¡Si quieres te lo firmo!
-Quiero.
Suso33 detuvo su furgoneta terrorista,
abrí mi puerta y corrí hacia la chica.
Y ella, pintora como su pareja, me firmó
el sobre de sopa de pollo. Voy a hacerle una "caja"
y colgarlo de la pared. Esas cosas sólo pasan, o para
ser más exacto: pasaban, en Nueva York. Ese Nueva York
mágico e imprevisible, que a veces vuelve, en cualquier
otra ciudad del mundo, y me regresa a la edad en la que lo conocí,
los 29 años.

Suso33, escoltado por 2 de sus Ausencias
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