La Relatividad, mayo 2005

HACE UNOS DÍAS CONOCÍ A UN TIPO GENIAL

Hace unos días conocí a un tipo muy, muy genial, realmente genial, a genial genious, como dicen los americanos: Suso33. Suso, para los amigos, y Jesús para sus profesores en la escuela. Había quedado con él con intención de entrevistarle, para La Clave en un principio (pero soy un freelance y mis trabajos o columnas pueden acabar apareciendo en muchos y muy diversos sitios), y la idea era charlar veinte o treinta minutos y luego salir hacia el Palacio Gaviria para entrevistar a los responsables de esa productora y distribuidora fascinante llamada Lolita Peliculitas: Mar Muro y Jotaeme Arango..., pero el personaje, y aún más la persona, me fascinó hasta tal punto que olvidé la cita por completo (al día siguiente llamé para pedir disculpas a la bellísima Mar y el inquietante Jotaeme, y hace un par de días me reuní con ellos y les entrevisté; siempre, o al menos casi siempre, cumplo). A Suso33 quizá algún lector le viese el pasado lunes en el programa Metrópolis (es coautor del graffiti más grande del mundo, doscientos metros por tres); pasamos juntos más de tres horas, hasta las dos de la noche. Suso es mucho más que un graffitero; más bien es un creador impresionante, con un discurso intelectual lúcido, coherente y originalísimo: digno de Marcel Duchamp. Hablamos y hablamos. Y empatizamos: a ambos el acto de crear nos cura el dolor de la vida. Y tras dos horas hablando sin parar en la barra de un bar montamos en su furgoneta de "peligroso social", con todos "los trastos de matar" (sprays, mascarillas y demás) en la parte trasera, para ir a ver sus geniales pintadas. La serie AUSENCIAS, que a mi modo de ver sería más revolucionario y ajustado llamar PRESENCIAS, realizada en esas cosas rotas por la mitad en la que aún se adivinan cuartos, habitaciones muy concretas, es de lo mejor que he visto en mi vida, junto a la serie "Cachorros" de Ángel Haro y a la obra del pintor senegalés Papa Sala Mboup. Siluetas creadas a base de líneas, con un cierto aire africano, que devuelven a los fantasmas expoliados de sus hogares -el barrio de Tetuán ha sido masacrado en beneficio de la especulación- y nos recuerdan a todos que la ciudad era, en un principio, un lugar para ser habitado por seres humanos, y no la impiedad en la que se ha convertido. Pero el barrio de Tetúan no está destruido del todo, afortunadamente. Todavía no está destruido del todo. Ya nos íbamos cuando desde el coche vimos a dos amigos de Suso, una pareja de artistas: Nacho y Belén. Volvían, borrachos de sake, de cenar en un japonés. Y ella, por si fallaba el plan original, llevaba en el bolso dos sobres de sopa. Me regaló uno, el de sopa de pollo. Me lo regaló y cuando ya arrancábamos el coche gritó desde la calle dorada y oscura.

-¡Si quieres te lo firmo!

-Quiero.

Suso33 detuvo su furgoneta terrorista, abrí mi puerta y corrí hacia la chica.

Y ella, pintora como su pareja, me firmó el sobre de sopa de pollo. Voy a hacerle una "caja" y colgarlo de la pared. Esas cosas sólo pasan, o para ser más exacto: pasaban, en Nueva York. Ese Nueva York mágico e imprevisible, que a veces vuelve, en cualquier otra ciudad del mundo, y me regresa a la edad en la que lo conocí, los 29 años.

 

 

Suso33, escoltado por 2 de sus Ausencias