Bajo Mi Sombrero, Cambio16, febrero 2005

Lapidación

 

Me toca infinitamente las pelotas. Sí, me las toca infinitamente: las pelotas. Me las toca aún más incluso que el hecho terrible y vergonzoso de que vayan a lapidar a una mujer llamada Amina, a quien no conozco de nada. ¿Y qué me toca tanto los testículos como para empezar una columna -yo tan educadito- de modo tan grosero? Pues los correos electrónicos, con URGENTE: VAN A LAPIDAR A AMINA. ¿Y por qué me cabrean tanto? Me cabrean porque en general me los envía gente que no conozco, y si les conozco..., peor. Peor, porque esos que protestan y mandan mails gratuitos jugando a solidarios son en general tipos y tipas que me han demostrado -hablo de quien conozco, of course- su poca calidad personal una y mil veces, tipos y tipos que cuando tienen dos copas encima llaman sudacas a los hispanoamericanos, jamás tendrían una relación con un gitano/a, y -en suma- son gente mucho más preocupada, muchísimoo más preocupada, "porque les salga un grano en su nariz" (como cantaba la Polla Records, hoy estoy definitivamente grosero) que porque vayan a lapidar a Amina. La pobre Amina, amén de que quizá -ojalá no, Dios y/o Alá no lo quiera- va a morir apedreada, no sabe que sirve de chivo expiatorio para las mezquindades de los privilegiados habitantes de occidente. Lo explicaba perfectamente Tom Waits en The Fisher King (lo escribo en inglés porque para eso me he pasado veinticinco años intentando aprender esa puñetera lengua y me gusta alardear de mis escasos conocimientos). En The Fisher King el gran Tom Waits interpreta a un vagabundo que pide limosna en Grand Central Station (New York City), y explica a un colega, creo, que lo que hace él es cumplir una función social: la gente le ve tirado en el suelo, sucio, desastrado y maloliente, y piensa que su vida, aunque asquerosa, no es tan mala, que es mejor aguantar a un jefe capullo y tener una mujer o un marido con el que llevas diez meses sin hablar, que estar tirado en el suelo pidiendo limosma. Y por eso le pagan, le dan la limosna, para que siga desempeñando su trabajo.
Amina, y por eso me jode tanto, está desempeñando esa "función social" de la que habla Tom Waits en El Rey Pescador (dirigida por Terry Gillian, genial; de nada). A Amina la utilizan los bien alimentados chicos y chicas de occidente para sentirse menos culpable del derroche absoluto en el que viven. De la basura de occidente podría vivir África (nunca se la regala de verdad, se la vendemos). Y estoy hablando con absoluto conocimiento de causa porque he vivido en África cuatro años, he salvado vidas -sí, vidas- con mis propias manos, y en la puerta de mi oficina, La Oficina Comercial de la Embajada de España en Dakar, vivía una colonia de leprosos a quienes mantenía y cuyo jefe o líder se vestía con mi propia ropa.
En occidente no podemos hacer nunca "tanto" por el prójimo, porque el prójimo, hasta el más pobre, es rico. Pero sí podemos ser amables, generosos, no mezquinos ni derrochadores; hacerle la vida más agradable a quien tenemos cerca. En eso es en lo que estoy yo, cada día. Así que, por favor, que no haga nadie más "el terrible esfuerzo" de darle al botón de reenviar, y sentirse así más bueno y en paz con el mundo, difundiendo sin coste ni trabajo alguno esos putos mensajes demagógicos -recuerdan a las obras de caridad de las damas de alta sociedad de los sesenta- o seré yo, cuando me encuentren con esas nuevas "damas de la caridad" (de ambos sexos y modernas), quien les tire -a ellos- la primera piedra.