| Lapidación
Me toca infinitamente las pelotas. Sí,
me las toca infinitamente: las pelotas. Me las toca aún
más incluso que el hecho terrible y vergonzoso de que
vayan a lapidar a una mujer llamada Amina, a quien no conozco
de nada. ¿Y qué me toca tanto los testículos
como para empezar una columna -yo tan educadito- de modo tan
grosero? Pues los correos electrónicos, con URGENTE:
VAN A LAPIDAR A AMINA. ¿Y por qué me cabrean tanto?
Me cabrean porque en general me los envía gente que no
conozco, y si les conozco..., peor. Peor, porque esos que protestan
y mandan mails gratuitos jugando a solidarios son en general
tipos y tipas que me han demostrado -hablo de quien conozco,
of course- su poca calidad personal una y mil veces, tipos y
tipos que cuando tienen dos copas encima llaman sudacas a los
hispanoamericanos, jamás tendrían una relación
con un gitano/a, y -en suma- son gente mucho más preocupada,
muchísimoo más preocupada, "porque les salga
un grano en su nariz" (como cantaba la Polla Records, hoy
estoy definitivamente grosero) que porque vayan a lapidar a
Amina. La pobre Amina, amén de que quizá -ojalá
no, Dios y/o Alá no lo quiera- va a morir apedreada,
no sabe que sirve de chivo expiatorio para las mezquindades
de los privilegiados habitantes de occidente. Lo explicaba perfectamente
Tom Waits en The Fisher King (lo escribo en inglés porque
para eso me he pasado veinticinco años intentando aprender
esa puñetera lengua y me gusta alardear de mis escasos
conocimientos). En The Fisher King el gran Tom Waits interpreta
a un vagabundo que pide limosna en Grand Central Station (New
York City), y explica a un colega, creo, que lo que hace él
es cumplir una función social: la gente le ve tirado
en el suelo, sucio, desastrado y maloliente, y piensa que su
vida, aunque asquerosa, no es tan mala, que es mejor aguantar
a un jefe capullo y tener una mujer o un marido con el que llevas
diez meses sin hablar, que estar tirado en el suelo pidiendo
limosma. Y por eso le pagan, le dan la limosna, para que siga
desempeñando su trabajo.
Amina, y por eso me jode tanto, está desempeñando
esa "función social" de la que habla Tom Waits
en El Rey Pescador (dirigida por Terry Gillian, genial; de nada).
A Amina la utilizan los bien alimentados chicos y chicas de
occidente para sentirse menos culpable del derroche absoluto
en el que viven. De la basura de occidente podría vivir
África (nunca se la regala de verdad, se la vendemos).
Y estoy hablando con absoluto conocimiento de causa porque he
vivido en África cuatro años, he salvado vidas
-sí, vidas- con mis propias manos, y en la puerta de
mi oficina, La Oficina Comercial de la Embajada de España
en Dakar, vivía una colonia de leprosos a quienes mantenía
y cuyo jefe o líder se vestía con mi propia ropa.
En occidente no podemos hacer nunca "tanto" por el
prójimo, porque el prójimo, hasta el más
pobre, es rico. Pero sí podemos ser amables, generosos,
no mezquinos ni derrochadores; hacerle la vida más agradable
a quien tenemos cerca. En eso es en lo que estoy yo, cada día.
Así que, por favor, que no haga nadie más "el
terrible esfuerzo" de darle al botón de reenviar,
y sentirse así más bueno y en paz con el mundo,
difundiendo sin coste ni trabajo alguno esos putos mensajes
demagógicos -recuerdan a las obras de caridad de las
damas de alta sociedad de los sesenta- o seré yo, cuando
me encuentren con esas nuevas "damas de la caridad"
(de ambos sexos y modernas), quien les tire -a ellos- la primera
piedra.
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