La Relatividad
(publicado en La Opinión de Murcia, 6 -XII-2004
Parcelas de Poder
Todo quisqui tiene su parcelita de poder, pequeña o grande pero
la tiene. El conductor del autobús, que puede esperar o no al presunto
pasajero que llega corriendo, el camarero del bar que te atiende cuando
le sale de las narices: ya o dentro de una hora, el empresario (of course)
que decide quien puede seguir pagando las letras del piso o quedarse en
la calle, y hasta la señora, o el señor, que nos vende el
pan y si le caemos simpático nos da una barra bien horneadita o
por el contrario, si no le gusta nuestra cara, nos envuelve en papel una
barra de ayer, porque en estos tiempos el número de clientes -como
es la filosofía de toda multinacional ya contagiada hasta a los
más pequeños- es infinito.
En Murcia generalmente, aunque hay excepciones, el personal utiliza su
parcela de poder con sabiduría y generosidad (de vez en cuando
a alguien se le va la olla, pero no es muy habitual). En cambio en las
grandes ciudades: Roma, Nueva York, París, Londres o Madrid los
urbanitas utilizan su parcela de poder con la misma generosidad y mesura
que mostró Adolfo Hitler con los judíos o los alegres dictadores
de las repúblicas bananeras con sus pueblos. Si un conductor de
autobús ve por el retrovisor que una ancianita se aproxima a tanta
velocidad como le dan las piernas se apresura a cerrar puertas, meter
primera y ver como la ancianita se va haciendo pequeña pequeña
pequeñita, ay que delicia, en el centro de su enorme espejo retrovisor.
Y lo mismo sucede en todas partes: una embarazada inicia la maniobra de
aproximación de sus nalgas a un asiento vacío en el metro
o el tren cuando otra chica no embarazada hace uso y abuso de su agilidad
y deja a la embarazada con el trasero en pompa y sin sitio donde colocarlo.
Y si esto es cierto en la vida cotidiana y anónima, perpetrar esas
pequeñas maldades con gente sin rostro y cuyo malestar sólo
puede ser imaginado, mucho más acusado es en las empresas, en los
gremios y en cualquier grupo dónde las personas si se conocen y
además están ligadas por férreas estructuras de poder.
Es en esos campos donde la parcelita que nos toca a cada uno se administra
con más astucia, o mala leche, o generosidad auténtica (rara
vez), porque ahí el aspirante a dictador de república bananera
sí que goza con la desazón o el desasosiego del compañero
o empleado a quien pone la zancadilla, pues le conoce. Ya verás
como Pelaez no duerme en tres noches si le digo que como llegue otra vez
tarde en lo que queda de mes se puede dar por despedido.
Todos tenemos nuestra parcelita de poder. Todos. Y personalmente no me
siento muy orgulloso de como he utilizado la mía, o las mías,
durante muchos años; recuerdo que en otro periódico mi jefe
de opinión me reprochaba que utilizaba las columnas para mis venganzas
personales y en parte- me ha costado diez años reconocerlo- tenía
razón. Pero ahora, que soy más sabio, o al menos he rebajado
mi nivel de ignorancia, a causa de la edad, intento utilizar mis parcelitas
de poder siempre del modo más impecable posible. Y no por bondad,
lo confieso. Sino por egoísmo. Me he vuelto de lo más "curioso"
y cuando no se utiliza la propia parcela de poder para producir mierda...
huele fenomenal y da gusto verla.
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