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Javier Puebla, Editor | |
| "No creo que la clave en literatura sea ser mejor o peor, sino diferente" | |
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Javier Puebla es un escritor con todas las letras. Su prosa es soberbia y penetrante, de esas que cuenta historias que te atrapan y rara vez te sueltan. Pero a su faceta de escritor se suman muchas otras, como la de guionista, columnista, único autor de la historia que ha escrito un cuento diario durante un año y orgulloso capitán de un taller de microrrelatos. A la lista se une también ahora su faceta de editor, ya que hace muy poco tiempo han salido a la venta las primeras publicaciones de ‘Los libros del capitán’. Pregunta: Cuéntenos, Javier… ¿por qué editor? ¿Cómo surgió la idea? Respuesta: La idea surgió con el taller que monté hace tres o cuatro años. Yo era consciente de que iban a surgir una especie de novelas episódicas; me encontré con una serie de trabajos que eran dignos para publicar y bueno, a raíz de ello me enteré de cómo se montaba una editorial, me echaron varias manos...y, el resto, ha sido voluntad y trabajo. P.: ¿Está satisfecho con el resultado? R.: Estoy alucinado. Hemos vendido mil cien libros en quince días. Eso es algo que no se consigue con facilidad. Hay gente que ganando premios no han llegado ni a quinientos libros, aun saliendo en televisión, con publicidad… Esto ha sido algo limitado, porque claro, la distribución aun es muy pequeñita. Pero estoy contento…. P.: ¿Y qué espera conseguir con su trabajo? ¿Publicar a los alumnos de su taller literario? R.: En un principio sí, esa es mi voluntad pero estoy abierto a publicar determinados trabajos (de mis alumnos) paralelos al taller. Esto es cómo empezar un camino por el monte: no sabes dónde vas. Hay ciertas cosas que se que no quiero; por ejemplo, no quiero recibir manuscritos (de hecho ya he rechazado muchos desde que he montado la editorial…). El siguiente paso que pretendo dar es cambiar nombre, diseño y mejorar la distribución, llegar a diez o doce ciudades diferentes de España y, por supuesto, seguir vendiéndolos en Internet a través de diferentes páginas. Ese es un poco mi siguiente paso. P: Y que la editorial crezca… ¿supondría aumentar el número de personas que trabajen en ella? R.: Sí. Si de repente
la editorial crece me plantearé contratar a alguien, es
decir, yo de hecho para el año que viene aspiro que tenga
un pequeño crecimiento. Lo bueno del taller es que hay
mucha gente y aparte de ser autores, pueden ser contratados. Este
año, sobre todo, me he apoyado en mis amigos… Pero
el año que viene lo que haré será pagar por
las cosas, es decir, que si yo pido a alguien que maquete o haga
la campaña de publicidad…. le pagaré. Pero
siempre dentro de un límite y dentro del marco del taller.
Es que, para mi, todo esto es un complemento, porque yo soy escritor,
tengo vocación de escritor, y los relatos, los libros,…,
que se escriben en el taller las vivo de alguna manera como míos:
no son mis hijos, pero son mis nietos. Pretendo, básicamente,
que sea un negocio de familia. El número de alumnos no
puede subir de treinta. Y no me interesa más, no me interesa
ganar dinero (lo justo para no tener que preocuparme de él)
sino la satisfacción de hacer bien el trabajo. Aunque soy
buen hombre de negocios, ¡eh! –risas-… pero
no tengo ambición de dinero. ¿Para qué? P.: Crear una editorial es un trabajo complicado… ¿ ha encontrado muchas dificultades? R.:
Hay una frase de Gracián que a mi me gusta mucho: ‘hay
que empezar lo difícil como si fuera fácil, y lo
fácil como si fuera difícil’ Yo esto lo empecé
como… ¡venga, vamos a tomarnos una cerveza! Pero,
de repente impliqué a muchísima gente (esa es mi
especialidad) y entonces me di cuenta que ya estaba liado, aunque
en realidad me producía enorme pereza, no tenía
ninguna gana de convertirme en editor, pero... he caído
en mi propia tela de araña: ya soy editor. R.: dEl día de la presentación (a la que fue muchísima gente) ellos seis, los seis autores, estaban como borrachos y yo… yo no estaba borracho, yo estaba contento. Veía a todos mis alumnos de los nervios y yo estaba apaciblemente tranquilo. Fue muy bonito. P.: ¿Cómo fue la elección de esos libros? R.:. A los que pensaba que tenían un libro, les dije que existía la posibilidad de publicarlo. Fue una elección libre. Hay un solo libro, de Mara Mugueta que, aunque estaba sin terminar, me habría gustado ver impreso.. Los demás alumnos, los que no publicaron libro, yo opiné que aun no estaba maduro el trabajo y haré igual este año. Hay que tener un nivel mínimo porque, al fin y al cabo, soy escritor y yo respondo de los libros: hay prólogo mío, soy yo el que lo presenta,… pero el nivel del taller es muy alto, sorprendentemente alto. P.: O sea, que en su taller se puede estar gestando un grupo de talentosos escritores ¿no? ¿Se siente un poco responsable de sus hazañas por estos mundos literarios? R.: Me dijo un día Javier Esteban, en radio intercontinental, que era como una incubadora de escritores y… ¡me pareció muy bonito! Espero encontrarme con muchos de tú a tú en el futuro. P.: Lo que no me puedo creer es que, con sus años de carrera, sigan sorprendiéndose… R.: Intento mantener un espíritu inocente, me sorprendo como un niño con cada libro que leo. Luego es cierto que analizo pero mantengo la inocencia como lector. Escucho a mis tripulantes como si fueran Cortázar, Chejov o Carver. Eso es lo que me gusta y creo que resulta muy estimulante para el alumno. En el taller no hay ningún tipo de competencia pero sí mucha solidaridad y se pretende que el trabajo que hace la gente, funcione, que a sus compañeros les guste. P.: Sin duda, lo suyo es vocacional… No se suele ver a profesores que hablen así de sus alumnos ni que crean tanto en ellos como para cargar con la responsabilidad de publicarles… R.: Es absolutamente vocacional.
Para mi de alguna manera esto del taller es algo tan creativo
como escribir mis propias obras. Lo que estoy haciendo es compartir
mi amor y mi devoción por la literatura. No admito a cualquiera
y cuando lo hago de alguna manera entra a formar parte de mi,
de mi familia,… Mis alumnos son míos como yo soy
suyo e intento enseñarles todo lo que sé. Porque
no creo que la clave en literatura sea ser mejor ni peor, sino
que ser diferente. Eso es lo único que me interesa cuando
enseño o cuando escribo. R.: Todos, pero si tuviese que elegir uno supongo que me quedaría con el de Javier Vasallo (‘La voz de Ofelia’). Aunque el más literario es La reina de los locos, de Juana Máquez, el más empático Historias de Sara, de Victoria Sánchez-Ayllón, el que tiene mejores giros de muñeca Aprendiendo a Ser Fernando, de Lorena Liaño, el más peterpanesco es sin duda No me llames Pitus, de Cecilia Denis, y el más humano Lo que esconden los armarios, de Carida Casanova. P.: Entonces… ¿Los libros del Capitán seguirán navegando a toda vela, no? R.: Espero que sí. Pero dependerá del viento, siempre depende tanto de la voluntad como del viento.
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