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PRÓLOGO
Sara Argüelles Artea podría haber sido un personaje
de Raymond Carver, el más prestigioso escritor norteamericano
de relatos del siglo XX. Pero a Sara, esta Sara, no la creó,
no la inventó Carver, sino Victoria Sánchez Ayllón,
una mujer joven, energética, que antes de este libro,
no había abordado ningún otro. Fui yo, y es el
único caso, pues el resto de los Tripulantes de mi barco
imaginario siempre vienen recomendados por otros, quien sugirió
a Victoria que se apuntase al Taller que imparto desde hace
dos años en mi propia casa y con la mejor de mi energía;
y se lo propuse porque presentía, notaba, que en ella
había algo especial, una capacidad de lucha, de dibujarse
a sí misma, que me resultaba insólita.
Victoria prestó a Sara sus propios
recuerdos de infancia, inventó para ella una adolescencia
no demasiado lejana de la suya y articuló una plenitud
para la Sara adulta que ya en nada se le parecía, logrando
un personaje agridulce, cercano, inquietante a la vez que entrañable
(y en ese sentido me recuerda a los personajes del autor de
“Catedral” o “De qué hablamos cuando
hablamos del amor”)
Como puede comprobarse en las breves
páginas que conforman este libro, la evolución
de Victoria como escritora en tan sólo nueve meses ha
sido asombrosa. Precisa y sintética desde sus primeros
relatos, ha ido ganando, a medida que avanzaba en el viaje que
es la creación de un personaje, en matices, luces y sombras.
Es para mí un honor presentar
ante el mundo a la inquieta e inquietante Sara Argüelles.
Disfrute el lector con las treinta y cuatro piezas del puzzle
con el que Victoria Sánchez Ayllón ha sido capaz
de dibujar una vida.
Javier Puebla
Setiembre, 2006.
Mad Madrid.
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